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Hace más de un año, recibí una fotografía de un robot que estaba haciendo entregas a domicilio en la ciudad de Washington D.C.  El mensaje que acompañaba esa foto era “Los robots están llegando”.  Esa fotografía gatilló una serie de cuestionamientos sobre cuán preparada estaba para enfrentar la llegada de las nuevas tecnologías digitales.  Tras más de doce años de venir trabajando en el análisis y diseño de políticas y estrategias para fomentar la innovación y emprendimiento, tomé la decisión de hacer una pausa laboral e inscribirme en un bootcamp intensivo de doce semanas.  Las opciones incluían desarrollador de software, diseñador de experiencias UX, marketing digital; pero mi pasión por los datos me llevó a tomar el bootcamp de ciencia de datos.

El proceso arrancó con una aplicación en línea y luego de haber sido aceptada tuve que completar un curso virtual de un mes en el cual se repasaban conceptos matemáticos, estadísticos y de programación básica.  Esto normalmente se hace para tratar de nivelar en cierta manera la base de conocimiento de los estudiantes, muchos de los cuales llegamos al bootcamp sin experiencia previa de programación.

Durante las doce semanas del bootcamp profundicé mis habilidades analíticas, aprendí a programar en lenguajes como Python y SQL; y aprendí a utilizar una serie de modelos y algoritmos vinculados a aprendizaje automático (machine learning) y aprendizaje profundo (deep learning).  Pero más allá de esto, aprendí siete cosas sobre los procesos de formación y reentrenamiento de habilidades digitales de adultos que me han permitido ampliar mi visión sobre los esfuerzos que se requieren para enfrentar la transformación digital.

1. Enseñar a programar no es fácil.

Un bootcamp normalmente se enfrenta al reto de enseñar a un grupo de estudiantes con formación, experiencias profesionales y niveles de programación muy diversos.  Pero hay tres elementos que fueron clave y que facilitaron mi experiencia de aprendizaje en este ambiente.  El primero fue el no hacer suposiciones sobre el conocimiento previo de los estudiantes al diseñar e impartir las clases.  El segundo elemento es la importancia del uso de tecnologías para facilitar el aprendizaje. En todas mis clases se utilizaban simultáneamente plataformas colaborativas como Github, Slack, más una conexión virtual para ver a los profesores que enseñaban desde ciudades como San Francisco, Austin y Nueva York.  Finalmente, el tercer elemento es proveer un gran número de horas disponibles para tener conversaciones individuales con los instructores y asistentes del curso, las cuales se extendían incluso durante los fines de semana.

2. No vas a obtener un título académico.

La gran mayoría de escuelas de código y bootcamps son empresas y startups (muchas de ellas respaldadas por inversiones de capital de riesgo).  Esto quiere decir que no son instituciones académicas acreditadas, por lo tanto, uno como alumno no recibe un título académico respaldado por una agencia de acreditación educativa.

3. Sin embargo, se está valorando cada vez más las habilidades que las credenciales.

Las empresas que están operando en las industrias tecnológicas están valorando lo que un programador o un científico de datos puede hacer en la práctica antes que los títulos y credenciales que pueda tener.  Una encuesta realizada en el año 2017 por la plataforma de contratación Indeed reportó que el 72% de los empleadores piensan que los graduados de bootcamps están igual de preparados y tienen la misma probabilidad de tener un alto rendimiento como el de graduados de universidades en carreras relacionadas a ciencias de la computación.

4. Vas a encontrar trabajo.

La gran demanda para posiciones con habilidades digitales en Estados Unidos, hace que el 85% de estudiantes encuentran en un plazo de 120 días luego de graduarse y el 79.3% de los graduados reportan un incremento salarial medio del 49% o US$21.000.  Detrás de estos impresionantes resultados hay horas de dedicación para poder paralelamente desarrollar tu marca personal, tu curriculum, tu página web, tu portafolio de proyectos y practicar simulaciones de entrevistas técnicas y personales.  Adicionalmente, como parte del programa, uno participa en una serie de visitas a empresas tecnológicas y de sesiones de networking con reclutadores de estas empresas.  Todo esto le permite a uno estar listo para encontrar un nuevo trabajo al culminar el bootcamp.

5. Empresas están invirtiendo en programas de reentrenamiento.

Las empresas en Estados Unidos están encontrando en los bootcamps una alternativa para desarrollar y actualizar las habilidades digitales de sus trabajadores de manera rápida y efectiva.  La oferta que tienen incluye modelos flexibles que permite a las empresas diseñar programas de entrenamiento que se ajusten a sus necesidades.  Un ejemplo es la empresa de consultoría Booz Allen, quienes han hecho una alianza con General Assembly para expandir su fuerza laboral de ciencia de datos en Estados Unidos.

6. Universidad vs. Bootcamp vs. MOOC

Escoger en donde adquirir nuevas habilidades digitales definitivamente depende de factores individuales como la motivación, presupuesto, tiempo disponible, modelo preferido de aprendizaje, alcance y ubicación. Sin embargo, al comparar un programa de bootcamp con un programa universitario o con un MOOC, hay algunos factores que pueden orientar tu decisión. Los valores de inversión y salarios presentados a continuación corresponden al contexto y mercado en Estados Unidos.

7. Bootcamps como una solución a generar mayor diversidad en la industria tecnológica.

Finalmente, la menor inversión en tiempo y recursos de los bootcamps está permitiendo incrementar la diversidad en esta industria.  En el año 2018, un 34% de los estudiantes de bootcamps fueron mujeres en comparación con un 19% de estudiantes mujeres de carreras de ciencias de la computación en Estados Unidos.  Por otro lado, los graduados de bootcamps tienen una sobre representación por parte de graduados de origen asiático (16% de los graduados en 2018 frente al 5% de la población estadounidense) y una similar representación para grupos de personas afrodescendientes (14% de los graduados en el 2018 frente al 13% de la población estadounidense).

Los bootcamps se han convertido en una alternativa para acelerar la transformación digital mediante el cierre de brechas de talento digital en un corto tiempo, a un costo moderado y con altos estándares de calidad.  Esto explicaría el ritmo de crecimiento que han tenido en Estados Unidos, en donde se estima que 20.316 personas se graduaron en esta modalidad en el año 2018 versus los 2.178 graduados registrados cinco años atrás.  Adicionalmente, gobiernos como el de Israel han decidido integrar a los bootcamps dentro de sus instrumentos de política pública y han promovido un esquema de incentivos para facilitar la llegada y despliegue de este tipo de entrenamiento.

Aún no muy extendida en países de América Latina y el Caribe, esta modalidad podría contribuir a los esfuerzos públicos y privados que están buscando generar nuevo talento con habilidades digitales. Según el estudio demográfico de la población mundial de desarrolladores del 2019, la región latinoamericana tiene la segunda más alta tasa de crecimiento del número de desarrolladores en el mundo. Sin embargo, todavía nos queda mucho por hacer para poder posicionarnos en un mercado en el que países como Estados Unidos, India y China cuentan con el mayor número de desarrolladores y ventas de aplicaciones tecnológicas.  ¡Pongamos a los bootcamps en nuestro radar y no los perdamos de vista!

Con información de blogs.iadb.org